viernes, 16 de diciembre de 2011

Eleion perdido en el tiempo

Eleion desapareció en el aire luego de que Esmeralda le lanzara un rayo prismático. ¿Qué pasó con él? ¿Está vivo? ¿Podrá regresar a Kraëtoria?

De pronto, el muelle, sus amigos y el cielo se vuelven borrosos, grises, como si estuviese viendo el mundo a través de un velo. Sus amigos continúan luchando, y puede ver cómo consiguen escapar por los pelos del grupo de Necratos. Cuando se acerca a ayudarlos, Eleion ve que sus amigos y enemigos desaparecen, la primavera se convierte en verano, las hojas caen, todo se cubre con un manto de nieve y luego las flores vuelven a brotar. Se mueve hacia otro lado, sin entender nada, y el tiempo parece ir hacia atrás.

Después de ver los años avanzar y retroceder, ser testigo del nacimiento y caída de civilizaciones, Eleion entiende que está atrapado en otro plano, en un plano donde viaja por el tiempo. Desesperado, deja mensajes a sus amigos por todas partes: en los pilares de los muelles, en los muros de casas, en libros... Les deja advertencias, les pide ayuda, pero nunca sabe en qué momento del tiempo se mueve, y pronto pierde noción del momento...

...hasta que de pronto todo se vuelve oscuro, y siente que cae. Está recostado en un suelo de piedra, frío. Mira sus manos: están delgadas, su piel está quebradiza. La lengua pastosa, su estómago ruge. ¿Cuánto tiempo lleva sin comer, sin beber ni una gota de agua? Mira a su alrededor: está en una habitación débilmente iluminada por velas, una niña de unos doce o trece años lo mira absorta, mientras balbucea "eres mi esclavo ahora, obedéceme Emerion".

La niña sostiene un grimorio de cuero empastado en las manos. Cuando Eleion intenta acercarse a ella, choca contra una pared invisible: sólo entonces se da cuenta de que hay un pentagrama dibujado en el suelo y él está atrapado en él.

Eleion le dice la verdad: que no es Emerion, y no es un demonio, pero que tiene hambre y sed. La niña, que dice llamarse Elena, se enoja y golpea el suelo con los puños: ella necesita de un demonio para que le enseñe a hacer magia para poder protegerse de su esposo, que la golpea y le arranca la ropa y le hace cosas, y ella no quiere.

Finalmente, Eleion consigue que le traiga comida y agua: ella le explica que está en el sótano del castillo de su marido, y que éste está fuera del feudo, guerreando, pero que volverá en unas semanas y desea defenderse para cuando regrese. Eleion promete que le enseñará a hacer magia para protegerse, pero que deberá ser muy estudiosa y aprender no sólo las técnicas arcanas, sino también la filosofía que rodea la magia. Ella accede.

Pasan los días: Elena demuestra ser una alumna excelente y muy dotada. Eleion no se sorprende de que aprenda tan rápido (después de todo, fue capaz de realizar un complejo ritual de invocación de un grimorio, aunque haya cometido un error), sino de que sea capaz de mejorar algunos hechizos y darse cuenta de los errores que comete Eleion a veces. El elfo entiende que, cuando crezca, Elena será una hechicera excepcional.

Pasan dos meses, y un día, Elena se ausenta de sus clases habituales. Sólo regresa dos días después, rápidamente, y sólo para dejarle comida y agua a Eleion: éste alcanza a ver los moretones y heridas en el cuerpo de la niña, pero ella se niega a darle explicaciones. Esa noche, Elena se refugia en el sótano, llorando. Su marido regresó, por supuesto, y la obligó a hacer cosas. Ella se resistió, trató de usar su magia, pero estaba tan asustada que el conjuro de hipnosis más simple no le resultó, y él la golpeó, y le arrancó el vestido, y ella lloraba y se quejaba y le pedía que la dejara pero no lo hizo... Y no pudo regresar al sótano hasta que se quedó dormido.

-Lo odio, lo odio, lo quiero muerto...
-Tranquila, Elena. Te voy a enseñar a defenderte, pero no tienes que matar, no tienes que producir más odio...
-Si lo mato, él no podrá hacerle daño a nadie más.
-Sí, pero...
-Enséñama a defenderme. No quiero ser débil nunca más.

Pacientemente, Eleion le enseña no sólo la lengua arcana, sino también el arte de la concentración para así poder lanzar conjuros incluso cuando estuviera tensa y bajo amenaza. Pero se niega a enseñarle evocaciones, e insta a que aprendiera primero hechizos y conjuraciones. Pero en verdad da lo mismo: Elena tiene tanto talento, que puede aprender conjuros dañinos por sí misma, y sin decirle a su maestro. Sin embargo, opta en un principio por hacerle caso: una vez que domina el conjuro de hipnosis, es capaz de mantener alejado a su marido o hacerle creer que yació con ella.

Dos años han pasado. Elena ha crecido mucho como alumna, su marido pasa poco en el castillo, ya que se la pasa guerreando con los feudos vecinos. Eleion no ha podido averiguar en qué año está (Elena no lo sabe), y apenas sabe que está en algún feudo de Florencia. No se atreve a romper el pentagrama, ya que es su único medio para regresar al plano elemental del tiempo y, quizás, ser rescatado por sus amigos. Elena cada vez habla menos de venganza, y más de conocimiento, de sabiduría, de explorar el mundo y convertirse en aventurera.

-Pero quiero conocerlo contigo, Eleion. Quiero que viajemos juntos, que seas mi compañero...

Y entonces Eleion trata de alejarla: eres muy niña, yo he vivido tanto, tengo una amante... Pero nada parece intimidar a la niña enamorada, que habla incluso de amor eterno y matrimonio.

Una tarde de primavera, todo se derrumba.

El marido de Elena regresa, furioso: rompe cosas, exige a su mujer. Elena debe interrumpir su clase y salir del sótano para calmarlo. Eleion no se entera de lo que ocurre hasta el día siguiente. Lo único que oye son gritos, golpes y algo como una explosión.

La noche del día siguiente, Elena regresa con las manos lavadas, pero su vestido cubierto de sangre seca, marrón.

-Elena... ¿qué hiciste?
-Está muerto, por fin.

Su marido había llegado furioso, porque había descubierto que Elena lo hechizaba para que no tuviera sexo con él. La golpeó, la arrojó a la cama y trató de desnudarla. Sus hechizos ahora no tenían efecto: su marido tenía algún objeto mágico que bloqueaba los hechizos. Así es que Elena no tuvo más elección que fulminarlo con un rayo. El hombre, aturdido, cayó al suelo. Elena encontró el objeto y se lo quitó, y luego lo hechizó: lo convenció de castrarse con su propio cuchillo y de arrancarse la piel a pedazos, mientras ella miraba y se deleitaba. Se desangró hasta la muerte mientras cantaba que era un cerdo violador.

-Pero Elena...
-No se merecía menos. Me enseñaste todo lo que necesitaba, Eleion. Ahora quiero que te quedes conmigo, que me ames.

Elena se acerca con la intención de romper el pentagrama, pero Eleion, que había podido leer el grimorio, pronuncia la encantación para romper la invocación.

Todo se vuelve borroso nuevamente. Sigue estando en el sótano, pero todo parece cubierto por un velo. Elena grita, llora, le pide que regrese, pero Eleion no lo hará. Y se aleja, y el tiempo pasa, o retrocede, ya no sabe, y ve cómo el castillo cae bajo una invasión y es destruido... ¿O está viendo el momento en que es construido pero hacia atrás? Los años, los siglos, han perdido sentido, y Eleion observa grandes batallas, pequeñas peleas de hogar, se pasea por montañas y ciudades, ve reyes siendo asesinados, parejas haciendo el amor, bosques que se queman y crecen de nuevo, ríos que se secan y glaciares que cubren valles enteros...

Y ya no sabe si está vivo o muerto.

Hasta que oye una voz.

-Yo te llamo, Eleion Dunadan.

Y cae inconsciente.
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miércoles, 14 de diciembre de 2011

El último rey de Valaquia (parte VI)

Los héroes llegan al muelle para embarcar rumbo a Mogariuth pero, como temían, son emboscados por Necratos y su grupo. ¿Sobrevivirán al ataque?

Sesión del domingo 30 de octubre del 2011
Abril de 1664
(3004 según el calendario florentino)


- Cuando llegan al muelle de Dayiria, Weyland se adelanta para conversar con el capitán. El cielo está oscuro y hay una leve neblina en el muelle.

- El capitán y los marineros atacan a Weyland. Harald de Battenberg sale de su camarote, con la piel pálida y los ojos en blanco: se ha convertido en un muerto viviente.

- Ghoreus y Miarlith corren a ayudar a Weyland. Eleion utiliza su magia para volar y ayudar al grupo desde la distancia. Harald es destruido.

- Mientras están ocupados con la revuelta de los marineros, el grupo es atacado por el flanco por enemigos invisibles: dardos que provocan horribles heridas de hielo, Aknorg, el orco, que ataca con devastadores golpes de un hacha doble, sombras que surgen del suelo y drenan la fuerza a los héroes, rayos, un aire enrarecido y debilitador...

- Esmeralda trata de controlar mentalmente a Eleion, pero el Cintillo de Bloqueo Mental que le pasó Ghoreus consigue evitar el control.

- Fortunata está a punto de morir a causa de una palabra impía pronunciada por Necratos, pero es salvada por el pegaso de Eleion. Ylla cae con los ataques de Puño de Ogro y Boltonar (el halfling), y Graund N'amyrr salta a defenderla, lanzando a Puño de Ogro lejos con un solo golpe. Aknorg descarga todos sus ataques sobre el dragón, llegando incluso a sacarle sangre.

- Miarlith y Ghoreus consiguen rescatar a Weyland y dejan inconscientes a los marineros. En ese momento, de la bodega del barco sale Raëgdil con su espada desenvainada, acompañado por Ricardo y sire Edmond. Raëgdil levanta la espada y lanza un solo golpe a Ghoreus, causándole gran daño: Raëgdil se ha aliado a Necratos para proteger a Tucio von Weber.

- Mientras tanto, Eleion se enfrenta a una Esmeralda invisible en un duelo de magia. Esmeralda, cansada con las protecciones del elfo, decide terminar la batalla lanzando un cono de múltiples arcoiris... Una rociada prismática que impacta a Eleion y lo hace desaparecer de la existencia.

- Los héroes consiguen derribar a Aknorg con sus golpes, pero están acorralados, con Raëgdil a punto de atacarlos y en clara desventaja, por lo que deciden escapar: Mithrandir se polimorfiza en dragón y les grita que se afirmen al suelo: con sus garras, sujeta el pedazo de muelle donde están sus compañeros y los eleva en el aire, escapando de las garras del grupo de Necratos... Una vez más.

- Ya lejos del muelle y a salvo, Weyland agradece a Miarlith y sus amigos el que lo hayan salvado. Eleion ha desaparecido, y el grupo decide pedir ayuda a los Maestros para encontrarlo. Graund N'Amyrr, el pegaso de Eleion y Mithrandir se ofrecen para llevar al grupo volando a Mogariuth y así poner a Fortunata bajo la custodia de los Maestros.

- Mientras respiran, por fin, Weyland conversa a solas con Miarlith y le dice que haber visto a su amigo Harald muerto y convertido en una aberración, le ha hecho pensar mucho. Y que ha reconsiderado su decisión: sí le gustaría que fuesen pareja.

- Desde el momento en que Fortunata monta sobre Graund N'Amyrr y le acaricia las escamas, éste entiende que algo ha cambiado en él, y mira a Ylla con pena: les queda poco tiempo juntos.

- Ghoreus, por su parte, entiende que ahora que ha concluido esa parte de la misión, necesita regresar a Oghdammer para aclarar su situación con su clan. Así es que monta en su caballo y se dirige hacia el reino enano, sin saber cuándo podrá volver a reunirse con sus amigos...
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martes, 11 de octubre de 2011

El último rey de Valaquia (parte V)

Los héroes consiguen llegar hasta el refugio secreto donde los Maestros escondieron a los von Weber hace más de doscientos años, pero un traidor los acecha...

Sesión del lunes 10 de octubre del 2011
Marzo - abril de 1664
(3004 según el calendario florentino)


- Luego de perder a gran parte de su tripulación en un ataque sorpresa, el capitán Malcolm del "Serenidad" debe reclutar marineros en la infame ciudad de Krasnodar. Luego de dos días, consigue contratar a suficientes marineros para las tareas rutinarias del "Serenidad". Algunos héroes encuentran sospechosa la facilidad con la que consiguen nuevos marineros.

- El barco los lleva hasta el mar Románico y la ciudad de Dayiria, en un sector poco frecuentado de Salacia. Dayiria, un pequeño puerto al pie de un acantilado (arriba del cual se asienta el pueblo de Dayiria) es un lugar donde confluyen los mercaderes de la zona para vender sus productos agrícolas y ganaderos a los barcos mercantes y los contrabandistas que pasan por allí.

- Waeyland guía a los héroes y a Raëgdil de Chambord (junto a su escolta de caballeros de la Orden de Fafnir) hacia una granja perdida en el interior (a más de un día de viaje). En la granja, regida por una tal Irina Patricio, conocen a los últimos descendientes de los Von Weber: dos hermanos adolescentes, Tucio y Fortunata.

- Apenas ven a Tucio (un mozuelo de 15 años), Raëgdil exige que le muestren la marca del dragón: una marca plateada, sinuosa y brillante aparece en el cuello, hombro derecho y parte de la espalda de Tucio. Apenas ve la marca, Raëgdil se arrodilla ante el joven y le dice que lo ha estado buscando toda su vida y que pone a su disposición su espada y caballeros para recuperar el trono que le pertenece por derecho. Los héroes se percatan de que Fortunata parece molesta. Además, algunos héroes destacan que la actitud de Raëgil les parece exagerada y peligrosa (¿tanto poder en manos de un chiquillo?, pregunta Miarlith).

- Anädheleth se queda conversando con Fortunata y ella le descubre el brazo izquierdo: ella también tiene el tatuaje y es mayor que Tucio (tiene 17 años). Además, al igual que su hermano, ha aprendido el arte de las armas y la monta. Anädheleth la convence de que mantenga oculto el hecho y la seduce con los pendientes de Venus: le promete perfeccionarla en la lucha con espada y enseñarle a usar el arco. Además, le promete que la llevará con ellos a Mogariuth.

- Tucio se muestra como un jovencito orgulloso de su herencia, inteligente y capaz de manipular a su antojo a Raëgdil y sus caballeros. Esto es algo que preocupa a los héroes y al mismo Weyland.

- Después de una frugal comida en la granja, Irina ofrece alojamiento para todos (aunque algunos tendrán que quedarse en el granero). Anädheleth consigue escabullirse con Fortunata y ella le muestra lo que sabe: pese a ser joven y tener poca experiencia, Anädheleth se muestra sorprendida con la habilidad de la joven y entiende que tiene mucho potencial. Aprovechando su influjo sobre ella, la seduce, la besa y la lleva al establo cercano. Eleion las vigila (o espía, eso nunca queda claro) de cerca.

- Miarlith, quien no había dejado de asistir a las clases de Weyland en la Universidad de Aquisgrán y con quien ha compartido largas tertulias y conversaciones académicas, decide acercarse al profesor y decirle lo que siente por él. Weyland se complica y no sabe qué responder: es un hombre sin experiencia en el amor y no se atreve a acercarse a la druidesa, aunque le confiesa que se siente atraído. Miarlith se siente decepcionada, pero acepta la propuesta de amistad de Weyland porque no desea perderlo.

- En la noche, Anädheleth sueña nuevamente con su madre. Es una voz que viene de la oscuridad y le dice que está con ella, que nunca la abandonará... Y le habla nuevamente de un traidor en el grupo.

- Al día siguiente, en consejo de grupo, los héroes deciden apoyar la idea de Anädheleth de llevarse a Fortunata con ellos. Anä usa sus pendientes para convencer a la abuela Patricio y creen que no será muy difícil convencer a Weyland también, aunque es posible que Raëgdil se oponga.

- Se organiza el regreso: Raëgdil le dice a la abuela Patricio que debe llevarse a Tucio, y ella se muestra feliz de que su nieto siga su destino. El grupo anuncia que también se llevarán a Fortunata, y Raëgdil se opone. Cuestiona el que es una mujer, que la anciana se quedará sin ayuda en la granja, que es un viaje peligroso y no está dispuesto a cuidar de niñas... La abuela duda, Anädheleth usa nuevamente sus pendientes para convencerla, y Raëgdil, furioso, en un movimiento tan rápido que nadie alcanza a preverlo, desenvaina y le corta una oreja a Anädheleth, que cae al suelo junto a uno de los pendientes. "¡Maldita bruja! Vete al infierno con tus malas artes", le dice Raëgdil. Anädheleth y el grupo están furiosos, pero Weyland los detiene y les dice que hablará con Raëgdil, pero no sin antes echarles una mirada reprobatoria.

- Finalmente, Raëgdil y su escolta se van con Tucio. Weyland espera a los héroes, quienes por fin consiguen convencer a la abuela. Miarlith sana la oreja de Anädheleth. Weyland reprende a Anä, le pregunta que por qué no le habían hablado de la idea, que quizás él podría haber convencido a Raëgdil y la abuela.

- El grupo regresa a Dayiria a pie, con retraso en relación a Tucio, Raëgdil y cía. El grupo se queda en una posada a medio camino para pasar la noche.

- Durante la noche, Anädheleth tiene una pesadilla: sueña con sus amigos muertos en el muelle de Dayiria y Fortunata llorando. Graund N'Amyrr, en su forma de dragón, la consuela. Luego, Fortunata monta el dragón y se elevan en el cielo, en dirección a Mogariuth.

- Por su parte, Ylla conversa con Graund N'Amyrr: él tiene miedo, explica que siente que su destino está con Fortunata (con quien entabló rápidamente amistad, como si conocieran desde toda una vida). Le dice a Ylla que probablemente no podrá acompañarla, que deberá quedarse en Mogariuth con Fortunata.

- A la mañana siguiente, el grupo debate si ir al muelle o no. Weyland debe ir, pero le ofrece al grupo contactar con un capitán que los podrá llevar por su cuenta a Mogariuth. Finalmente, el grupo decide ir al muelle, sabiendo que se arriesgan a una emboscada...
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martes, 27 de septiembre de 2011

El último rey de Valaquia (parte IV)

Los héroes finalmente han conseguido ayuda de los Maestros, quienes acceden a llevarlos hasta el lugar donde se han escondido por doscientos años los Von Weber. Con ellos estaría el último heredero al trono de Valaquia. Pero grandes peligros acecharán en su viaje marítimo...

Sesión del sábado 27 de agosto del 2011
Marzo de 1663 - 1664
(3004 según el calendario florentino)


- Ghoreus despierta en una enfermería de la Universidad de Aquisgrán. Se encuentra con Weyland de Brunswick y le explica que estuvo muy grave y que sus compañeros viajaron a Durham para conseguir información sobre el heredero.

- Weyland le dice que los Maestros han decidido ayudarles: pondrán a su disposición un barco que los llevará al Sur, al pueblo donde estarían refugiados los Von Weber. Además, le entrega a Ghoreus pociones, equipo y le presenta a Rados, un caballo de guerra ligero equipado con herraduras mágicas para que pueda encontrarse con sus compañeros a la brevedad. Rados lo acepta rápidamente como jinete y parece respetar al enano.

- Los héroes escapan del castillo de los Sanguineti, que acaban de ser asesinados por Esmeralda, Boltonar y sus secuaces. Mithrandir, el hermano de Ellen, hace escapar al grupo, que decide regresar a Mogariuth. En el camino se encuentran con Ghoreus, quien les informa que los Maestros han decidido ayudarles.

- En Mogariuth, sire Edmond se separa brevemente del grupo y regresa con emisarios de la Orden de Fafnir, que desean hablar con los Maestros. Se ha corrido la voz de que éstos saben dónde está el heredero.

- Se producen tensas negociaciones a puertas cerradas entre los Maestros y sire Raëgdil de Chambord (gran maestre de la Orden de Fafnir). Finalmente se decide que sire Raëgdil y tres de sus guardaespaldas (entre ellos sire Edmond y sire Ricardo) acompañarán la expedición en busca del heredero.

- Los héroes embarcan en el navío "Serenidad", del capitán Malcolm, un mercante ligero que los llevará a Salacia. Además de Raëgdil y sus caballeros, les acompaña Weyland de Brunswick, Harald de Battenberg (ambos Maestros), Ellen y Mithrandir, que han decidido unirse al grupo.

- En cada uno de los pueblos visitados, Eleion ha vendido toneles de vino sacado del odre de Numentarë.

- Mientras navegan al Sur, llega el 21 de marzo, equinoccio de primavera y el Año Nuevo para los elfos. El grupo pide descanso de un día en una isla deshabitada para hacer la celebración y ritos correspondientes.

- Miarlith lidera los ritos a Gaia y los dioses pidiendo prosperidad y fertilidad para el nuevo año. En la noche, se inicia fiesta-borrachera. Anädheleth liga con Ricardo, Ylla y Graund N'Amyrr se seducen mutuamente, Eleion intenta seducir a Ellen.

- En la noche, el grupo es atacado por asesinos silenciosos. Varios marineros son muertos por armas envenenadas. Miarlith utiliza la Varita de Maravilla cuando la situación se pone difícil y genera un campo de antigravedad, dejando a Anädheleth, Ricardo y un par de asesinos flotando en el aire. Anädheleth rescata a Ricardo llevándolo a las ramas de un árbol cercano y bajan a la superficie.

- El grupo repele a los atacantes, pero muchos marinos han muerto. En el "Serenidad" también han sido atacados: en total, el barco perdió a la mitad de su tripulación. El capitán Malcolm culpa a los héroes por su irresponsabilidad.

- Mithrandir interroga al único prisionero que recuperaron; mientras lo hace, Eleion lee los pensamientos del prisionero. Consiguen sacarle que es parte de la tripulación del "Kraken", el barco pirata del capitán Alexei, y que llevan a bordo a un grupo de magos de túnica roja que les han pagado muy bien (y brindado apoyo arcano) para atacar el "Serenidad" y matarlos a todos. Él no ha tenido contacto directo con los magos, no conoce su identidad, pero que escuchó de pasada que uno de ellos se hace llamar "Rocco Algernón" o algo así. Una vez acabado el interrogatorio, el grupo discute qué hacer con el prisionero. El capitán Malcolm zanja las discusiones de escrúpulos arrojándolo por la borda.

- El "Serenidad" debe conseguir nueva tripulación: el barco enfila a Krasnodar, la ciudad más importante de Salacia, a reclutar marineros...
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jueves, 25 de agosto de 2011

La caída de Gallen

Y entonces ocurrió, en esos días de marzo de 1663 de la Era de la Luz, a sólo una semana del Año Nuevo élfico, que las máquinas de guerra florentinas pisotearon el suelo sagrado del bosque de Gallen, que los alerces milenarios ardieron como teas en la noche y los soldados humanos cargaron cabezas de elfos, enanos y centauros en sus picas y lanzas...

El general Nerón Flavius entró triunfante al círculo de dólmenes y pisó, sin notarlos, los restos carbonizados de una dríada que había muerto antes de matar a un solo humano.

-¿Reporte? -preguntó el general a su lugarteniente.
-Los elfos se retiran, pero aún queda un fortín enano que resiste.
-¿Y qué esperan para abatirlo?
-Está muy bien defendido... Y sus arcabuceros tienen una puntería endemoniada, general...

El general Flavius entornó los ojos como si dijera "¿es que todo lo tengo que hacer yo?" y repartió instrucciones a su cuerpo de élite. Las armaduras y "langostas" sardianas avanzaron rápidamente por las zonas conquistadas y se encontraron con una lluvia de disparos certeros y explosiones. Siguieron avanzando, confiados, pero las balas finalmente penetraron sus corazas y mataron al piloto. Tres de los cuatro artefactos quedaron inutilizados, el cuarto retrocedió.

-¿Por qué se retira del combate, soldado? -Flavius detuvo el artefacto: su piloto balbuceó una excusa- Salga de allí.

El soldado abrió la escotilla y se asomó para explicarse, cuando, en un parpadeo, una hoja acerada le cortó el cuello. Flavius agarró al hombre con una sola mano y, sin el menor esfuerzo, lo arrojó al suelo, donde se agitó como una cucaracha volteada, tratando de detener la hemorragia. Flavius entró al artefacto y dio órdenes a sus hombres. Como una máquina bien engrasada, el grupo se esparció en formación de serpiente, realizando oleadas sucesivas de ataque para distraer las defensas mientras el general se colaba en el fuego y quedó sobre el montículo.

Al interior del fortín, Orvar Korghan apretó los dientes.

-¡Una langosta sobre nosotros! ¡Rápido, las granadas!

Pero fue muy tarde: tres bombas de pólvora entraron por la tronera.

El suelo tembló con las explosiones. El general Flavius arrojó otras bombas por las troneras y un humo apestoso inundó el fortín. Los hombres de Flavius rodearon el fortín y arrojaron más bombas en su interior, hasta que la trampilla se abrió y una bandera sucia de hollín, que debió haber sido blanca, flameó en el aire. Flavius desenfundó la espada y de un solo tajo cortó la mano que sostenía la bandera. Sus hombres sacaron al enano del interior, lo arrojaron al suelo y lo desarmaron.

-¿Quién eres? -le preguntó Flavius con una voz grave.
-Orvar de la casa de Korghan, capitán de la guardia de la Roca de Hefestos, miembro del clan del Martillo de Val...
-Suficiente. ¿Cuántos fortines quedan en el bosque?
-¿Crees que si supiera te lo diría? -Orvar improvisa un torniquete con sus ropas, pero pierde sangre rápidamente- Basta con que sepas que Oghdammer no caerá fácilmente, que nos opondremos...
-No me interesan tus desvaríos, enano. Hoy cayeron los elfos y tus patéticos fortines. Mañana cazaremos enanos en sus cuevas como ratones en sus ratoneras.
-Me gustaría verte intentarlo.
-No lo verás. Dile a tus ancestros que fracasaste, y que no habrás muerto en batalla, sino devorado por los buitres. ¡Sacerdote!

Un hombre santo de Zeus se acercó al general y se inclinó ante él.

-Cúrale esa herida. Luego átenlo con cadenas y déjenlo a campo abierto. Que pague el precio que corresponde por oponerse al Imperio.

No muy lejos de allí, escondidos entre los árboles calcinados, cuatro figuras camufladas tras sus capas élficas e ilusiones arcanas observaban la escena apretando los dientes.

-Hay que hacer algo -dijo una voz femenina-. Podemos rescatarlo cuando se alejen de él.
-Es muy peligroso -respondió una voz grave-. Estará en medio del ejército florentino. Lo mejor que podemos hacer es retroceder y reportar que cayó el último bastión. Hay que fortificar la última línea de defensa del bosque.
-Al menos podemos eliminar a ese malnacido de Flavius: lo tengo a distancia de tiro -dijo otra voz femenina tensando su arco: su flecha se iluminó con un brillo sobrenatural.
-No, Trishna -respondió una cuarta voz-. Sabes muy bien que con una flecha no bastaría, ese hijo de orca es más duro que un gólem de hierro.
-¿Sugerencias, entonces, Denazz? -preguntó la primera voz femenina.
-Yo no soy el líder, Adrasteia, pero creo que deberíamos pedirle al hermano Thorin que nos lleve de vuelta con Delemdroth. Mientras tanto, Trishna puede contactar a Oghdammer e informar...
-Córtela con eso de "no soy el líder", sire Denazz -le respondió Thorin-. Usted es el mejor estratega de entre nosotros y ha demostrado su valía en combate numerosas veces.
-Y además Delemdroth te tiene total confianza -agregó Adrasteia.
-Sí... Y eso -respondió Thorin, no muy convencido.
-¿Entonces? -preguntó Trishna.
-Entonces regresamos y luego tú retomas contacto con tus amigos piratas -le dijo Denazz-. Creo que tenemos suficientes incentivos como para convencerlos del plan.
-Está decidido entonces -respondió Thorin-. Tómense de las manos.

El grupo formó un círculo con las manos tomadas. Adrasteia arrojó una última mirada a Orvar, apesadumbrada. Trishna observó cómo lo amarraban y arrastraban lejos del campo de batalla. Entonces reaccionó y, pronunciando palabras místicas, cargó una flecha en su arco.

-¿Qué haces? -Adrasteia la tomó de la cintura.

Un segundo antes de que Thorin finalizara su conjuro, Trishna disparó la flecha, que impactó en el cuerpo maltrecho de Orvar Korghan, del clan del Martillo de Valgar, y explotó en una llamarada ardiente. Los soldados que lo cargaban cayeron al suelo, convertidos en cadáveres carbonizados, y el mismo Orvar se encendió como una pira, muriendo en la gloria de Hefestos. El general Flavius y sus hombres dispararon hacia el bosque calcinado, pero ya era muy tarde: sólo un aura residual se mantenía en el lugar.
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martes, 16 de agosto de 2011

El último rey de Valaquia (parte III)

Decididos a encontrar la pista de los Von Weber, los héroes viajan al condado de Durham. Pero un hecho inesperado los privará de la ayuda de Ghoreus, y en el condado se encontrarán con una desagradable sorpresa proveniente de Vinnogard...

Sesión del sábado 13 de agosto del 2011

Marzo de 1663
(3004 según el calendario florentino)


- Luego de la discusión que acabó con la partida de Hathol, los héroes fueron sorprendidos por un grupo de muertos vivientes. Consiguieron vencerlos, pero Ghoreus cayó víctima de una extraña enfermedad que lo dejó incapacitado.

- Los héroes llevan a Ghoreus con Weyland de Brunswick. El académico les advierte que sire Edmond no puede entrar con ellos, así es que debe esperar en el patio. Sire Edmond no ve con buenos ojos que los héroes pidan ayuda a Weyland.

- Los médicos de la Universidad cuidan a Ghoreus: está afectado por una enfermedad mágica, podredumbre momificadora, pero luego de una semana de descanso debería estar listo para la acción.

- Los héroes le cuentan a Weyland que conocieron a la Orden de Fafnir y que quieren ayudarle a encontrar al heredero. Weyland explica que eso no es de su interés ni de los demás académicos, ya que llevar a un heredero podría provocar una guerra civil, sobre todo si el heredero resulta ser un completo inepto. Además, le preocupa la cacería de brujas que se produciría contra los florentinos instalados en Valaquia si regresara el rey y se independizara del imperio. Hay florentinos que llevan generaciones viviendo en la provincia y prácticamente no conocen otro mundo.

- Los héroes entonces ponen sobre la balanza el hecho de que Mu Th'arr está formando una tercera fuerza. Le cuentan que por lo menos ha unido algunas tribus orcas del norte, que ellos le llevaron unos barcos voladores sardianos y que Mu Th'arr investigó las ruinas de Sardan, de hecho, las ruinas de Agrinion (la capital de Sardan, cuyas ruinas están bajo el Molodroth, en Ithilgadden).

- Weyland se muestra preocupado: les dice que estas noticias cambian totalmente el escenario: si hay una tercera fuerza en juego que controla la magia sardiana, las cosas pueden ponerse feas para Valaquia. Weyland no promete nada: deberá reunirse con otros académicos para decidir qué pueden hacer.

- Ylla tiene una conversación secreta con Graund N'Amyrr.

- Miarlith tiene una conversación secreta con Weyland. Sale preocupada de ella y dice que debe viajar al bosque de Gerlach, al norte. Por su parte, los héroes deciden seguirle la pista a los Von Weber y viajar al condado de Durham, así es que viajarán juntos al menos una parte del trayecto.

- Sire Edmond, quien viaja con los héroes, les informa que Durham es un condado de campesinos, pobre y con poco comercio. El castillo del conde es pequeño y viejo, con apenas un edificio y una torre de piedra (el resto es de madera). El actual conde es un tal Sanguinetti, descendiente de florentinos que tomaron el feudo luego de la conquista de Valaquia.

- Graund N'Amyrr lleva a los héroes hasta Durham a sus espaldas. Eleion viaja en su pegaso, Miarlith vuela convertida en águila.

- Investigando el pueblo, los héroes averiguan que la gente le teme muchísimo al conde y que sus tres hijos son unos abusadores (el primogénito se ha acostado con la mitad de las campesinas, mientras el segundo y el menor se entretienen atormentando a los plebeyos, ya sea con castigos físicos o abusos de poder (p.e. los obligan a cacarear como gallinas a cambio de una moneda de plata o un saco de grano).

- Eleion investiga en la taberna y se encuentra con una bellísima barda que toca el laúd con un pequeño grupo de músicos. La barda cuenta numerosas historias y recibe los aplausos entusiastas de los parroquianos. Eleion se une a los espectadores.

- Cuando la barda empieza a contar la historia de un grupo de elfos que resisten al imperio y luchan contra Theodorus, se inician los abucheos. El público se divide casi en mitad y mitad entre los que la aplauden y los que le exigen que baje del escenario. Hay uno de los parroquianos, el más alto y fuerte, que se acerca al escenario. Eleion se interpone y le pide que se calle y se siente. Discuten. El campesino trata de empujar a Eleion, quien lo esquiva. La discusión sigue, el público alienta la pelea, Eleion hace una zancadilla y el tipo cae al suelo. Se levanta furioso, con un cuchillo en la mano, pero Eleion desenfunda una espada y lo mantiene a raya. El hombre se va, y el tabernero le pide a Eleion que se retire, que no quiere problemas. La barda, por su parte, no quiere hablarle a Eleion y lo culpa de haber interrumpido su presentación.

- Por su parte, Anädheleth se encuentra con el hijo mayor del conde, quien queda prendado de ella y la invita a una fiesta en el castillo, en tres días. Queda tan encantado con ella que le envía a su mejor sastre para que le haga un vestido. Eleion consigue convencer al hijo de que acepte a la barda ("Ellen Zafiria", como la llama el joven) y a su grupo de músicos para que animen la fiesta.

- Los héroes deciden participar de la fiesta: para ello, se compran ropas caras. Eleion, por su parte, decide hacer un poco de dinero vendiendo el vino que produce el odre de Numentarë.

- Miarlith, por su parte, viaja al bosque de Gerlach y se entrevista con un druida elfo, un acólito que ha quedado cuidando el santuario de los druidas. El elfo le confirma las noticias: los druidas ancianos del bosque de Gerlach han viajado al norte para unirse a Mu Th'arr y ayudarle con su proyecto. Además, le cuenta que es cierto el rumor de que hay una tribu con elfos moribundos, desechados por Theodorus. Aparentemente, Theodorus les drenaba la vida y muchos de ellos están muertos de viejos (siendo aún muy jóvenes).

- La peor noticia la recibe después: el bosque de Gallen ha caído. Los elfos verdes y las criaturas del bosque se batieron en retirada, refugiándose en Oghdammer o en la meseta de Elëdhant, con los elfos dorados. Este ha sido un enorme triunfo para el imperio.

- Miarlith intercambia sangre con su hermano druida para poder comunicarse con él con facilidad y a la mañana siguiente regresa a Durham.

- Las noticias de Miarlith ensombrecen el ánimo entre los héroes, quienes deciden redoblar sus esfuerzos.

- La noche de la fiesta, los héroes hacen pasar a Anädheleth como si fuese una noble florentina. En esa fiesta se supone que el primogénito del conde le pedirá la mano a una doncella.

- La cena pasa muy bien. El primogénito del conde toma a Anädheleth de una mano y la lleva a recorrer el castillo. Se habla acerca de la caída de Gallen y del maravilloso triunfo que significa para el imperio, se habla también de los feudos rebeldes que siguen levantándose contra el gobernador y el imperio. Eleion conversa con el conde y éste, astuto, descubre que le han mentido y que la doncella que sedujo a su hijo no es ninguna noble. Eleion dice venir de Ravena, lo que molesta aún más al conde: "No permitiré que mi hijo se case con alguna plebeya estudiante, ¿qué futuro le esperaría a mi familia?

- Están en eso cuando primero la condesa, luego el conde y todo el resto de los invitados se pone a toser y luego a vomitar: la comida estaba envenenada. En eso, uno de los invitados, una bella mujer, Esmeralda, se levanta y brinda por la rebelión contra el imperio. Los soldados de Esmeralda entran al castillo y lo toman. Eleion intenta actuar, pero tiene una daga apuntándole en el vientre: Boltonar, el halfling, lo tiene inmovilizado.

- Los héroes, apoyados por sire Edmond, se enfrentan a Esmeralda y el halfling, pero Eleion queda muy herido. El grupo recibe una ayuda inesperada: Ellen, la barda, reduce a varios guardias; un elfo con una mandoble también sale a la batalla, ayudando a los héroes. Al último minuto, cuando la situación se ve poco favorable, el recién llegado los teleporta a todos fuera del castillo y huyen. El elfo se identifica como Mithrandir y acepta las gracias del grupo.

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El último rey de Valaquia (parte II)

Los héroes continúan su investigación en Mogariuth y se topan con la primera pista del heredero al trono. Las alcantarillas de la ciudad serán el lugar donde conocerán a la Orden de Fafnir y se enfrentarán por primera vez a Necratos y su grupo de aventureros...

Sesión del sábado 11 de junio del 2011

Febrero e inicios de marzo de 1663
(3004 según el calendario florentino)


- Mientras investigan, Miarlith asiste a clases de anatomía, historia y ciencias en la Universidad de Aquisgrán, invitado por Weyland de Brunswick.

- Ricardo Olivero cita a los héroes en las alcantarillas de la ciudad; un grupo de desconocidos los venda y los lleva por los túneles hasta la guarida secreta de la Orden de Fafnir.

- Los héroes asisten a un Concejo de la Orden, donde discuten sobre los últimos eventos, la búsqueda del heredero y el hecho de que Necratos y su grupo están buscando al heredero.

- Un anciano que parecía sirviente se revela como el líder de la Orden: es un semielfo muy viejo que se llama sire Raëgdil de Chambord. Sire Raëgdil, luego de interrogarlos y de que se revelen como elfos, les da la poca información que tienen: hace 200 años, cuando Valaquia fue conquistada por Florencia, y luego de la ejecución pública del heredero al trono de Valaquia, la Orden de Fafnir descubrió la existencia de un hijo del heredero escondido por la familia Von Weber, condes de Durham, un feudo a unos cuantos días de viaje al noreste de Mogariuth. Los Von Weber desaparecieron del mapa durante la cacería de brujas y la Orden les perdió la pista en el momento en que escaparon del condado.

- Sire Raëgdil les confía a sire Edmond von Salza, un miembro de la Orden, para que los acompañe en sus investigaciones. Los héroes entienden, por supuesto, que además los estará espiando.

- Además, sire Raëgdil les explica que Weyland de Brunswick y los académicos de la Universidad de Aquisgrán forman parte de una sociedad secreta llamada Los Maestros. "Ellos no son de fiar", les explicó el anciano sire Raëgdil, "son comerciantes, financian corsarios que atacan a su competencia en el mar Románico y tiene una red de influencia muy grande en Valaquia y Salacia. Además, tienen esclavizados a muchos gobernadores y nobles con los préstamos y la usura de sus mercaderes".

- Los héroes perciben a sire Raëgdil como un anciano astuto, con gran influencia sobre sus hombres, de voluntad de hierro y gran determinación, pero es además un paranoico que espera siempre que alguien lo apuñale por la espalda, y que desconfía de todo y de todos. Está obsesionado con encontrar al heredero y está dispuesto a casi cualquier cosa con tal de llevarlo al trono.

- En los días siguientes, los héroes investigan las catacumbas de Mogariuth buscando las tumbas de los antiguos reyes. Miarlith se encuentra con Necratos y lo espía: descubre que está usando conjuros para hablar con los muertos, pero es poca y nada la información que obtiene.

- Los héroes deciden tenderle una emboscada a Necratos y su grupo: difunden el rumor de que un ladrón de tumbas ha encontrado una nueva sección de las catacumbas en un pasadizo secreto. Los héroes preparan la emboscada en la zona del supuesto pasadizo y esperan a Necratos y su grupo. En menos de un día de espera, éstos llegan.

- La emboscada va muy bien para los héroes: acribillan de flechas a Necratos y mantienen a raya a Puño de Ogro (el cazador de elfos), Sirielle (la guerrera drow) y Aknorg (guerrero orco). Pero Necratos consigue huir con ellos a último minuto. El único que queda es un humano ladrón, Merten Dedoscortos, un miembro de la cofradía los Callizos Solitarios.

- Los héroes interrogan a Merten, pero él sabe poco más que lo que ya saben los héroes. Lo único que consiguen sacarle es que Necratos tiene tanta información como ellos... Y que ni siquiera sabe que el último heredero estaba refugiado con los von Weber.

- El grupo decide entonces matar a Merten para evitar que los identifique o los denuncie. Eleion y Ghoreus se interponen: no quieren usar violencia innecesaria. Se produce una discusión en el grupo, que sube cada vez más de tono. Ylla intenta cortarle simplemente la garganta al humano, pero Eleion se interpone. La discusión se vuelve más agria, hasta que Eleion libera a Merten, quien huye rápidamente de las alcantarillas.

- Miarlith, convertida en un hongo fantasma invisible, sigue a Merten hasta un prostíbulo, donde se abraza a una cortesana y le pide que huyan de la ciudad. Miarlith, conmovida, aparece frente a ellos y les deja dinero para que puedan empezar una nueva vida, lejos de Mogariuth.

- Mientras tanto, la discusión en el grupo acaba con Hathol declarando que se separa, que regresa con Trishna y los piratas, ya que no le da confianza el grupo. Las miradas de acusación, reproche y molestia vuelan mientras Hathol les da la espalda y desaparece en la oscuridad.

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sábado, 15 de enero de 2011

El último rey de Valaquia (parte I)

Los héroes han partido de Vinnogard con destino a Mogariuth, capital de Valaquia, para investigar sobre el destino del heredero del trono de Valaquia. Su intención es adelantarse a los aliados de Mu Th'arr y conseguir que Valaquia se alíe con la Alianza Élfica. Pero si resulta difícil seguir el rastro de una familia que desapareció de los mejores espías florentinos hace doscientos años, hacerlo en una ciudad en la que pululan organizaciones secretas, la persecución florentina y la intriga palaciega lo hace además peligroso.

Febrero de 1633
(3004 según el calendario florentino)


- Los héroes viajan hacia Mogariuth siguiendo el curso del río Dunav. Van acompañados de Graund N'amyrr, quien se esconde en forma del sirviente Agnus.

- En el camino, se encuentran con un pueblo pesquero y pequeño puerto. Usando los amuletos de forma humana que les regaló el dragón, los héroes se hacen pasar por humanos y buscan comprar o conseguirse una barca con la cual acelerar su viaje río abajo.

- Anädheleth usa los pendientes de Venus para convencer a un mercader de que les venda su navío a precio más conveniente, pero éste, quizás porque tiene una fuerza de voluntad mayor de lo que imaginaban, se resiste y se da cuenta de que estaban tratando de hechizarlo. No sólo aumenta el precio de la barca, sino que además los denuncia al inquisidor florentino del pueblo.

- Los héroes consiguen escapar de la patrulla florentina luego de una breve pelea que acaba con el puerto en llamas y varios humanos muertos.

- El grupo viaja hacia el suroeste, siguiendo el curso del río a bordo de su barca robada. En la noche esconden el bote en la ribera, durante el día viajan a buena velocidad mientras Eleion patrulla el sector volando con su pegaso.

- Cuando están a menos de un día de Mogariuth, Eleion distingue a una campesina herida cerca del camino que lleva a la capital. Miarlith le salva la vida y ella les agradece: les cuenta que se llama Josephine "La Gritona" e iba camino a la ciudad con un cargamento de trigo y comida para la Universidad de Aquisgrán, pero que unos ladrones la asaltaron y se llevaron todo. Eleion y Miarlith van entonces a encontrarse con los ladrones (que estaban muy cerca de allí), los ahuyentan y les quitan la carreta. La campesina les agradece nuevamente y les explica que si se dirigen a Mogariuth, deben ocultar sus objetos mágicos y a la entrada pedir un salvoconducto de estudiante (como si fueran a estudiar a la Universidad de Aquisgrán), ya que es mucho más barato que el salvoconducto de aventurero (que les permitiría andar con objetos mágicos). Además, les dice que cuando lleguen a la ciudad, vayan a verla a la Universidad.

- El grupo llega a la ciudad y, siguiendo los consejos de Josephine, piden un salvoconducto de estudiante y en el mercado compran aceite avellanas púrpuras, con el que untan sus objetos mágicos para bloquearlos al escrutinio de los inquisidores florentinos. También consiguen algunas habitaciones en la mejor posada para aventureros de la ciudad: la posada Tres Mentiras, que se jacta de ser segura, tranquila y no muy cara.

- En la posada, el grupo reconoce a Necratos, el shamán semiorco, miembro del otro grupo enviado por Mu Th'arr. Junto a él están Aknorg, el guerrero orco, y Sirielle, la drow, conversando con dos hombres que parecen comunes y corrientes, si no fuera por sus cicatrices y las hojas ocultas en sus ropas. Los héroes intentan no llamar la atención al instalarse en la posada y procuran informarse sobre las leyendas de la ciudad.

- Los héroes visitan la Universidad de Aquisgrán y conocen a Weyland de Brunswick, académico y estudioso de las más diversas ciencias (medicina, anatomía, astronomía, arquitectura, historia, política, filosofía, matemáticas y geografía, entre otras). Weyland los acoge cordialmente, les agradece por haber salvado a Josephine y los invita a asistir a sus cátedras en la universidad. Además, les recomiendo un mercader del Paseo de Ismuth, Johannes Wexler, que ofrece objetos mágico que podrían interesarle a los héroes.

- Un grupo de los héroes va al mercado, y Anädheleth se encuentra por casualidad con Ricardo Olivero, el antiguo guardia florentino del castillo Horia, que ahora forma parte de la guardia de la ciudad. Ricardo la reconoce en su forma humana y la invita a conversar con él: le cuenta que forma parte de una cofradía secreta y que quizás le pueda ayudar en su misión.

- Eleion y otros, que van al mercado con la intención de comprar objetos mágicos, se topan con un inquisidor cuando están regateando con el vendedor (los objetos mágicos son mercadería prohibida en el Imperio); Eleion consigue salvar la situación, aunque el inquisidor sabe que algo estaban ocultando todos, y el mercader, Wexler, queda muy agradecido con ellos.
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martes, 31 de agosto de 2010

El alzamiento de los valaquianos

Los héroes llegaron, sin saber cómo, al valle de Vinnogard en busca de las aguas curativas que podían sanarlos de la peste gris, que ya ha contagiado a cinco de ellos. En su exploración del valle, descubrieron que Esmeralda, Boltonar, Jared y Puño de Ogro han estado azuzando a los campesinos para rebelarse contra el barón florentino que controla el feudo.

La cabeza sanguinolenta observa la fortaleza invadida con los ojos en blanco. El campesino alza la pica para que todos puedan verla y gritar victoria.

-¡Mueran los florentinos!
-¡Viva Valaquia!
-¿No querías impuestos, barón? ¡Tómalos!

Una mujer le echa un puñado de monedas de cobre a la boca abierta en un rictus de espanto. Todos ríen. La esposa y las hijas del barón son arrojadas a la muchedumbre.

-¡Las putas florentinas son para mí!
-¡Ja ja ja! ¿No les gustaban tanto los bailes? ¡Ahora nosotros bailamos para ustedes!

Los campesinos alzan sus horcas y picas y bailan alrededor de las aterradas mujeres, escupiéndoles, orinándoles y amenazándolas con cuchillos. La única que les hace frente es la madre, una mujer alta y de mirada furibunda.

-¡Váyanse de aquí! ¡Dejen a mis hijas tranquilas!

La mujer golpea a un campesino y le quita el cuchillo. Amenaza a los demás: sus manos tiemblan, pero mantienen firmemente agarrada la corta hoja. Los campesinos ríen y continúan su danza. Un solo golpe de palo basta para hacerle soltar el cuchillo y entonces los hombres se abalanzan sobre las mujeres.

-¿Es necesario que las violen? ¿No bastaba con matarlas? -pregunta Boltonar.
-Que hagan lo que quieran -dice Esmeralda-. Necesitan hacer fiesta con la sangre derramada. Todos deben sentirse parte de la masacre o se cuestionarán sus acciones.
-Me dan escalofríos. Las hijas del barón son sólo unas niñas.
-Sí. Y después las matarán lentamente -Esmeralda habla con tranquilidad. A Boltonar le parece que incluso disfruta el espectáculo.

El halfling desvía la mirada. La batalla aún no termina. Aún hay una torre del alcázar controlada por los soldados florentinos, pero los villanos de Vinnogard los tienen acorralados. El halcón gris vuela fuera de los muros de la fortaleza.

-Puño de Ogro salió -dice Boltonar-. Algunos soldados deben haber escapado. ¿Quieres que lo ayude?

Esmeralda se encoge de hombros.

-¿Para qué? No eres capaz ni de distinguir a un aliado de un enemigo.
-No me vengas con eso ahora. ¿Cómo podía sospechar que eran ellos? Suponíamos que estarían en las montañas, buscando al dragón. Además también te engañaron a ti, y eso que ya estabas sobre aviso. ¿No se llevaron acaso todas las redomas con el agua curativa?

La bruja aprieta los puños hasta que los nudillos se le ponen blancos. Esos malditos elfos y su enano-mascota se habían burlado de ella. Hicieron prisionero al halfling, les sacaron información sobre los planes de Mu Th'arr, mataron a Jared, consiguieron curarse de la peste gris, descubrieron a Demian, el espía, y lo eliminaron. Los elfos eran mucho más astutos de lo que creía... Y mucho más poderosos.

La druidesa podía transformarse en dragón. ¿Cómo era posible que dominara magia de niveles tan elevados? ¿Era posible que hubiesen burlado a Mu Th'arr, que los elfos hubiesen ocultado su verdadero poder incluso al escrutinio psíquico del illithid?

-Esos elfos son muy peligrosos, Esmeralda -el halfling observaba ahora a un par de campesinos peleándose por los aros que le habían arrancado de las orejas a la hija menor del barón-. Si no hubiese sido porque teníamos a todo el pueblo de nuestro lado, nos habrían derrotado. Y la montaraz esa, ¿Anädheleth, no se llama? Rompió tu hechizo sobre el elfo dorado. No podemos vencerlos solos: tenemos que reunirnos con Necratos y el resto del grupo.
-Esa maldita montaraz... El vínculo sigue ahí: puedo sentir a Eleion a través de él, pero no puedo volver a controlarlo si la elfa lo ayuda de nuevo. ¿Cómo pudo haberlo hecho? Es imposible que domine la magia necesaria para romper mi hechizo.
-Quién sabe. Quizás simplemente tenía el objeto mágico apropiado.

¡Eso era! El halfling tenía razón. ¿Cómo no lo había pensado antes? Cuando estudió a la montaraz creyó que se trataba de unos simples aros de carisma. Pero ahora que los había visto en acción... ¿Serían acaso los legendarios Pendientes de Venus, de los que hablaba un escrito sardiano?

-Si es así, tendrán que ser míos -dice para sí misma.
-Hay que informar a Mu Th'arr de lo que pasó. ¿Le enviamos un mensaje a Necratos?
-Cállate Boltonar. Necesito pensar.

Pero no se le ocurre nada. ¿Qué planean los elfos? ¿Acaso tratarán de romper la alianza de los druidas con Mu Th'arr? ¿Intentarán regresar al Colmillo de Rork para asesinar al illithid? ¿Cuánto les había contado Demian? ¿Sabían algo de Angrbodd? ¿Qué había pasado con el dragón? Mientras tenía a Eleion bajo su dominio, Esmeralda averiguó que los elfos habían llegado a la guarida del dragón y trataron de convencerlo de que se uniera a ellos. ¿Serán capaces de conseguirse un aliado tan poderoso? Balanus es una pieza clave en los planes de Mu Th'arr. Si los elfos ya no se lo van a entregar... ¿Cómo atraparlo, cómo ponerle el collar de Tiamat?

Una explosión. Los florentinos acorralados arrojan bombas de pólvora contra los campesinos. Estos se alejan de la torre como conejos. ¿Es que todo tiene que hacerlo ella? La muchacha camina recto hacia la torre. Los villanos no tropiezan con ella ni por casualidad, como si una fuerza invisible los alejara de su camino. Disparos. Un hombre cae a su lado, fulminado por una bala. Otro se arrastra con una pierna inutilizada, sangrante. Esmeralda observa las troneras: los soldados están apuntando sus arcabuces contra ella.

-Cúbranme -dice la muchacha.

Los campesinos y milicianos de Vinnogard rodean a la bella Esmeralda con una determinación que hace vacilar a los florentinos. Unos segundos después se escucha la orden de "¡fuego!" en latín y una descarga de arcabuces derriba al escudo humano de la mujer. Los heridos se levantan para recibir otro disparo, mientras otros hombres y mujeres de los alrededores rodean a la muchacha para entregar gustosamente sus vidas. La bruja se demora. Se toma su tiempo en pensar qué conjuro sería el más efectivo y espectacular. ¿Una bola de fuego? No, es demasiado esperable. ¿Un golpe de rayo? No. ¿Por qué hacer algo que cualquier druida puede hacer? Ah, un rayo prismático sería ideal... Pero carece de teatralidad. ¿Cómo puede ser intimidante un arcoiris? Otro puñado personas caen fulminadas por los disparos, pero el doble de los caídos la rodea para protegerla otra vez. ¿Locura? No, acabarían matándose entre ellos. Eso sería divertido, pero necesitaba algo más físico. Algo que le permitiera descargar la ira que sentía. Algo como...

-Ya sé.

Esmeralda hace unos simples gestos arcanos y pronuncia palabras ininteligibles. Entonces se desvanece en el aire. Los soldados florentinos gritan victoria, seguros de que la han ahuyentado. Por unos segundos, los villanos de Vinnogard quedan confundidos, preguntándose en verdad si su líder no ha huido, dejándolos a merced de sus enemigos.

Y entonces lo oyen.

Es el rugido de una bestia. Es un grito de guerra que parece provenir de los pozos infernales, un aullido demencial que quiebra el aire y les hace llorar de terror. Es como si toda la desesperación de la humanidad se concentrara en un solo sonido y les arrancara el alma para pisotearla.

-Auch -dice Boltonar simplemente-. Los florentinos estarán deseando no haber nacido.

Gritos. La torre se llena de gritos de espanto. Disparos, súplicas desesperadas. Un hombre sale disparado por una de las ventanas superiores, agitándose en el aire como un muñeco desarticulado antes de caer al suelo y que su cabeza se parta como un melón. Algunos hombres lloran por clemencia, pero sólo les responde el grito de una bestia demente, que pareciera reírse mientras hace gárgaras con la sangre florentina. Se escuchan huesos partirse como nueces, se ve un brazo desgarrado deslizándose por una tronera, medio cuerpo quedar colgando de sus tripas por una ventana.

La gente está hipnotizada observando la torre. Han dejado de bailar y cantar. La esposa del barón se arrastra desnuda sobre los charcos de sangre de sus hijas mirando a la torre mientras repite una y otra vez "mátame mátame mátame".

Y, tan súbitamente como el horror empezó, se hace el silencio. El halfling se siente aún más inquieto. La puerta de la torre se mueve, cruje suavemente y se abre. Esmeralda sale del interior bien peinada, sonriendo más tranquila que nunca. Su vestido está desgarrado y muestra descaradamente su voluptuoso cuerpo. La gente de Vinnogard se alza en vítores: la llaman "la heroína", "la salvadora", "el azote de Florencia"... Boltonar simplemente asiente en silencio. La bruja lo intimida. De ella mana un poder fuera de este mundo. Ha conocido muchos hechiceros, pero nunca a uno cuyos poderes arcanos fuesen tan... antinaturales.

-Puño de Ogro -Esmeralda pronuncia el nombre mientras camina hacia el centro del patio. Boltonar no se había percatado de que el montaraz de los ojos grises estaba a unos pasos de él. ¿En qué momento había regresado?
-Esmeralda -responde secamente.
-¿Escapó alguien?
-Lo intentaron.

La bruja sonríe. Está satisfecha con su aliado. Sus servicios cuestan una fortuna, pero por suerte no es ella quien los paga.

-Volvamos a la posada -dice la bruja-. Quiero descansar y que planeemos los pasos a seguir.
-¿No vamos a dar caza a los elfos? -Puño de Ogro acaricia la empuñadura de Cortaorejas.
-No lo sé. Debemos consultarlo con Necratos.
-Ya no hay nada más que hacer aquí.
-Aún no podemos irnos -insiste Esmeralda-. Tengo que organizar a la gente, prepararla para la guerra que se avecina...
-Yo no tengo nada que hacer allí -el montaraz recibe a su halcón gris en el antebrazo y le da de comer-. Los florentinos ya murieron. Yo voy a cazar elfos.

Esmeralda lo amenaza. Puño de Ogro se ríe y se va. Al retirarse, pisa inadvertidamente una pierna de la esposa del barón, que se queja con debilidad mientras sigue arrastrándose hacia Esmeralda.

-Mátame, mátame... Por favor mátame -le dice, estirando una mano.
-Que no se me acerque, Boltonar -la bruja retrocede un paso.
-¿Acaso crees que soy tu criado? Pídeselo a tus campesinos, no a mí -el halfling se da media vuelta y se encarga de organizar a los rebeldes: les recomienda adueñarse del alcázar y aprovecharlo para vigilar el camino que va hacia el oeste.

-Mátame, mátame.
-¿De verdad crees que voy a cumplir tus deseos, puta?

Esmeralda se ríe. ¿Qué puede hacer con una noble florentina? De pronto se le ocurre. Se acerca a ella y le toma amorosamente el rostro entre las manos.

-No, puta florentina. La muerte es demasiado benévola para ti. Pero al mismo tiempo estás demasiado trastornada para serme útil. No, te voy a hacer un regalo. ¿Cuál era tu nombre? ¿Augustina?
-Mátame, mátame, mátame...
-No, Augustina. Ya no quieres morir. No todas tus hijas murieron: yo sobreviví. Yo soy tu última hija, Virginia. Sobreviví a la rebelión y ahora necesito que cuides de mí. Eso es. Mírame a los ojos, deja de sufrir. Eres mi madre y mi esclava ahora.

La mirada de la mujer se pierde en los ojos de Esmeralda. Su petición de muerte se apaga hasta convertirse en un murmullo ininteligible.

-¿Quién soy, Augustina?
-Virginia... mi hija... Virginia, hija mía, estás viva.

La mujer la abraza, llorando.

-Ya, Augustina -dice Esmeralda, riéndose-. Todo está bien.
-Hija mía, te salvaste, no te dejaré nunca, nunca...
-Está bien, Augustina. Ven, deja que mis amigos te curen, estás sangrando.
-No, no quiero separarme de ti...
-Tranquila, Augustina. Nos volveremos a ver esta noche. Ahora debes descansar.

La respiración de la mujer se suaviza. Esmeralda ordena a uno de los campesinos a que se la lleve a la posada, le venden las heridas y le den de comer.

No sería mala idea, piensa Esmeralda, tener un pequeño séquito de fieles esclavos.

-Nos volveremos a ver las caras, malditos elfos -dice la muchacha, montando a su unicornio negro.
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martes, 6 de julio de 2010

La garra del dragón

Los héroes emprenden una larga travesía por los montes Catarios en busca del Monte de la Garra, un lugar legendario donde, se supone, habitaría el dragón Belanus. Pero, ¿existe en verdad el dragón, o es sólo un invento?

Mientras tanto, los héroes deberán soportar el lento avance de la Peste Gris, que les ha infectado. Usando magia curativa y potentes hierbas, el grupo ha conseguido mantener a raya los síntomas de la enfermedad, pero no saben cuánto tiempo más conseguirán hacerlo, y ni siquiera saben si en verdad existe una cura a su mal...



Sesión del sábado 3 de junio del 2010

Enero-febrero del 1633
(3004 según el calendario florentino)


- Trishna abandona al grupo para enterrar a su padre. Agradece al grupo su ayuda y el que lucharan a su lado, pero ella debe dejarlos por un tiempo.

- Mu Th'arr le presenta a los héroes el otro grupo de aventureros que cumple misiones para él. Eleion le pide a su pegaso que use su habilidad de detectar bien y mal para saber de qué alineamiento son:
Líder: Necratos, shamán semiorco (malvado).
Guerrero: Aknorg, orco grande con dos hachas aún más grandes (neutral).
Hechicera: Esmeralda, una adolescente exuberante y sensual. Monta un hermoso unicornio negro (malvada).
El Cazador: Puño de Ogro, un viejo conocido de los héroes, un montaraz que vendía orejas y bebés de elfo a los florentinos (malvado).
Bribón: Boltonar, un halfling bribón (neutral).
Guerrera: Sirielle E'rin, una drow ruda y silenciosa (neutral).

Este grupo acompañará a los héroes hasta el valle del río Volgar, en el norte de Valaquia. Allí se separarán: los héroes buscarán al dragón, los demás viajarán al sur a cumplir dos misiones: encontrar el heredero de la corona de Mogariuth, la capital de Valaquia, y conseguir el Agua de la Vida en el templo de Mitra.

- Mu Th'arr los envía en un barco volador para reducir los tiempos de viaje. A bordo del barco, Eleion y Esmeralda se seducen el uno al otro. Y rápidamente acaban en un camarote. Duermen juntos, pero al día siguiente, Esmeralda ya no está en la cama. El resto del viaje, ella actúa como si Eleion no existiese.

- El barco los deja en un valle montañés cubierto de nieve, junto a uno de los afluentes del río Volgar. Los héroes descienden por el río y se encuentran con una pequeña comunidad de halflings montañeses. Cuando les preguntan por el dragón, ellos sólo dicen que se llama "Lenguadefuego" o "El Señor del Volcán" y que vive en el Monte de la Garra, junto a un lago que se secó hace siglos.

- Los héroes descienden hasta llegar a un pueblo de campesinos y arrieros. En la taberna intentan averiguar algo más de información. En el pueblo, la gente habla latín vulgar, así es que pueden comunicarse con ellos con facilidad. Los parroquianos sueltan la lengua luego de que Eleion les invite un par de tragos, pero ninguno de ellos puede añadir más a la historia, salvo que insisten en que junto al Monte de la Garra había una ciudad con techos y puertas de oro. Cuando se les consulta en qué dirección y a qué distancia queda el Monte, nadie puede decirlo con certeza: algunos dicen que 100 km al norte, otros 60 hacia el sureste, y otros dicen que está a más de mil km hacia el sur.

- Por un momento, los héroes consideran preguntarle al señor del pequeño castillo que domina el pueblo, castillo en el que flamea la bandera del Imperio Florentino, pero se retractan y deciden seguir río abajo, buscando la ciudad de Montrose que, según los lugareños, es grande y está llena de comercio. Para acelerar el viaje, compran una carreta y Eleion crea dos corceles fantasmas que tiran de ella.

- Los héroes arriban a Montrose luego de pasar por campos cubiertos de nieve y fortificaciones abandonadas. La ciudad es efectivamente grande y llena de vida: se encuentra en el límite del trecho navegable del río Volgar, así es que es un punto de gran afluencia comercial. Los muros de la ciudad, antes gruesos y orgullosos, se encuentran descuidados y cubiertos de enredaderas. En tres puntos, los muros han sido destruidos y están permanentemente vigilados por soldados florentinos. En el centro de la ciudad, en la cima de una colina, se alza el majestuoso castillo de Montrose, donde flamean orgullosos los leones dorados de Florencia. Los héroes después averiguarán que el antiguo marqués de Montrose fue decapitado por los florentinos hace poco más de 100 años, pero no antes de que violaran a su hija y su mujer ante sus ojos.

La ciudad fue uno de los últimos bastiones de resistencia a la invasión del Imperio y no fue conquistada hasta casi un siglo después de la caída de Valaquia. Los Caballeros de la Corona, fieles a su rey, plantaron una feroz resistencia en los feudos del norte. Florencia, pacientemente, supo arrinconar y conquistar a los valaquianos, quienes finalmente fueron derrotados.

Montrose cayó en manos del Emperador después de una encarnizada resistencia liderada por sus habitantes. Para asegurarse de que nunca más pudiesen atrincherarse en sus magníficos muros, el Emperador ordenó que se abrieran boquetes en ellos. Desde entonces, la ciudad ha sido fuertemente controlada por la nueva familia de marqueses de Montrose a través del miedo y la fuerza.

La biblioteca de Montrose, donde se ubicaba también la Cofradía de Magos de la ciudad, fue saqueada y quemada. Desde entonces, los hechiceros son perseguidos por los florentinos, pero los montrosinos guardan simpatía por ellos e incluso los protegen.

- Usando todos los medios de los que disponen para hacerse pasar por humanos, los héroes entran en la ciudad. En la taberna conocen a Demian Olfedder, un bardo valaquiano que les asegura conocer la ubicación del Monte de la Garra. Él mismo ha intentado ir varias veces a la guarida del dragón, pero nunca ha podido unirse a un grupo de aventureros lo suficientemente poderoso u osado como para emprender el peligroso camino de las montañas. Luego de equiparse y comprar un caballo, el grupo deja la ciudad. Los guardias intentan revisarlos a la salida, y sólo la intervención de Anädheleth (quien usa los Pendientes de Venus), consigue sacarlos del aprieto.

- En campo abierto, el grupo le revela a Demian su verdadera identidad y le cuentan que algunos de ellos están infectados con la Peste Gris, pero que están siendo tratados en forma permanente por Miarlith. Aunque asustado por estas revelaciones, el bardo accede a guiar al grupo por las montañas en busca del Monte de la Garra.

- Cuando llegan a los pies de los montes, el grupo se encuentra con una vieja fortaleza en ruinas. "Esta era una fortaleza de los caballeros templarios", les cuenta Demian. "Se decía que los templarios lucharon contra el imperio, pero nadie lo recuerda ya. Ni siquiera los valaquianos le tenían estima a los templarios, a quienes acusaron de sodomía y de hacer pactos con demonios". La fortaleza está salpicada de antiguos esqueletos. Los héroes limpian un poco el segundo piso de la única torre que se mantiene en pie y arman campamento. A mitad de la noche, Ylla, quien está de guardia, oye un canto lúgubre, ruido de huesos y el cliqueteo del metal. Rápidamente despierta a sus compañeros y se percatan de que los esqueletos de los templarios se han levantado y buscan rodearlos. Los héroes consiguen derrotar a los esqueletos sin grandes contratiempos. A la mañana siguiente, entierran todos los esqueletos en una fosa común, les rinden un breve homenaje y continúan su viaje.

- La travesía por los montes Catarios dura semanas: luego de investigar el supuesto "Monte de la Garra" que Demian tenía marcado en su mapa, los héroes se dan cuenta de que no se trata del monte que buscan y que Demian, además, tiene mapas de al menos otros 3 montes similares. Para tratar de reducir los tiempos de viaje, Eleion y Demian viajan montados en el pegaso hacia los dos "Montes de la Garra" más próximos mientras el resto del grupo espera el resultado de su búsqueda. La situación se agrava cuando Eleion despierta un día con su rostro grisáceo: la Peste lo ha atacado a él también.

- Forzando la marcha, Eleion y Demian exploran los otros dos montes, sin encontrar nada. Casi desesperanzado, Eleion vislumbra a la distancia un poblado de gigantes. Y, en la cima de un monte, un altar con un fuego encendido, junto al cual hay una gigante encadenada. Eleion decide rescatarla, pero Demian se niega a ayudarle, temeroso de la fuerza de la gigante. Usando su espada de adamantita, Eleion consigue romper las cadenas, aunque su espada queda seriamente mellada. La gigante, que se llama Goraga, abraza a Eleion y le agradece que le rescatara: dice que los gigantes de roca, que viven en el pueblo del valle, la encadenaron y la dejaron como sacrificio para el "Señor Gusano". Eleion piensa que los gigantes de roca deben saber cómo llegar a la guarida de Belanus, así es que le pide a Névar, su cuervo, que se quede en las cercanías espiando la posible llegada del dragón. Luego montan de regreso al sitio donde dejaron a sus compañeros para llevarlos hasta allí.

- Mientras tanto, Ghoreus explora un laberinto de cavernas de hielo bajo un glaciar. Luego de varios días, descubre que las cavernas conectan con una pequeña mina de oro abandonada hace siglos. La mina es enorme: al menos 3 metros de alto y varios más de ancho. El enano supone que se trata de una mina para gigantes.

- Los héroes se reúnen y viajan hacia el sur, en busca del pueblo de los gigantes. Tardan otra semana más en llegar, en un penoso viaje a través de las montañas nevadas. Cuando llegan al sitio del altar, Névar les cuenta que efectivamente, unos días atrás, aparecieron dos dragones y se mostraron furiosos por no encontrar su sacrificio, así es que botaron la leña del altar y gritaron furiosos antes de dirigirse a una montaña cercana. El cuervo describe a los dragones como "lagartijas con alas, con una cola con un aguijón, del tamaño de dos o tres caballos".

- El grupo prepara un cebo para los dragones: enciende la hoguera y se esconde en las cercanías, para espiar la aparición de los monstruos. Al día siguiente, muy temprano por la mañana, dos dragones que aparecen tal como los describiera Névar, llegan al altar en busca de comida. Al verse burlados, hablan en voz alta, con unos graznidos horrorosos que los héroes reconocen como dracónico: "¡Engaño! ¡Engaño", dice uno. "Comerse a tramposos" dice el otro. Entonces lanzan feroces rugidos y otros cuatro dragones aletean a la distancia. Los seis se lanzan entonces en picada contra el pueblo de gigantes en las cercanías. Luego de debatir unos momentos, los héroes deciden salir en ayuda de los gigantes.

- Montados en el pegaso, Eleion y Ghoreus son los primeros en llegar al pueblo. Con una descarga de flechas y un certero disparo con su rifle, consiguen derribar a uno de los monstruos. Luego, Ghoreus desenfunda la cimitarra Iztadorgh, que le quitara al ogro Jared, y se enfrenta a otro dragón. El resto del grupo llega a tiempo para ayudar a acabar con los monstruos. Al final, entre los gigantes y los héroes, sólo un dragón consigue escapar vivo.

- Los gigantes de roca agradecen a los extranjeros su oportuna ayuda y los invitan a un festín. Su pueblo, Tarjadn, está ubicado en un pequeño valle de los montes Catarios y los gigantes sobreviven gracias al cultivo de trigo e higos, y el pastoreo de ovejas y cabras gigantes. Los gigantes más ancianos les cuentan entonces su historia, mientras les convidan carne, pan y licor de higos.

- Los habitantes de Tarjadn descienden de los gigantes mineros de la ciudad de Mordogand, que estaba junto a una importante mina de oro. El problema era que la mina estaba muy cerca de la guarida de Vadaba, el Gran Dragón. Pero éste prometió no atacarles a cambio de un tributo en oro y prisioneros de guerra.

- Mordogand prosperó y creció: las historias de la ciudad con las puertas y los techos de oro llegó a oídos de los humanos, quienes codiciaban la mina de los gigantes. Un enorme ejército cruzó entonces las montañas y atacó la ciudad. Aunque los gigantes resistieron con fiereza, se vieron superados por las fuerzas humanas y tuvieron que huir. Los pocos sobrevivientes se instalaron en el valle de Tarjadn. Pero los humanos tuvieron un destino peor: apenas se instalaron en la ciudad, Vadaba, quien no había movido ni un ala por defender a los gigantes, atacó la ciudad. Su aliento de fuego secó el lago y ni un solo humano escapó a su cólera. Hasta el día de hoy, los gigantes de roca no le perdonan a Vadaba el que los haya abandonado, y escupen al suelo cuando mencionan su nombre. Pese a ello, continúan realizando sacrificios de vírgenes de los aghar, los estúpidos gigantes de las colinas, para satisfacer el hambre del dragón.

- Los gigantes de roca les entregan a los héroes comida e indicaciones para encontrar la ciudad abandonada. Les desean suerte en su búsqueda, pero les advierten que implicará muchos peligros.

- Unos días después, los héroes por fin encuentran la ciudad en ruinas: a la luz del atardecer contemplan el río que atraviesa el fondo seco de una laguna -el dique natural que le contenía fue destruido-, los edificios tallados en la montaña hechos un desastre y un monte en forma de garra muy próximo a la ciudad. Algunas techumbres enchapadas en oro aún sobreviven, pero la tierra y la roca fundida impiden vislumbrar su otrora glorioso brillo. La nieve se está derritiendo, anunciando la inminente llegada de la primavera. Esto perturba a los héroes, ya que saben muy bien lo que significa: apenas empiece la primavera, se reanudarán las batallas en el bosque de Gallen.

- Explorando la ciudad, los héroes descubren la vieja biblioteca -casi totalmente destruida- con algunos libros en pergamino, aún legibles. Sólo dos de ellos les resultan de particular interés: uno es un análisis crítico de un texto de un tal "Graund N'Amyrr", el Gran Dragón. En la crítica, escrita por un sacerdote, se hace mención a una reflexión del dragón, quien afirma que los dioses no existen y que los poderes sacerdotales no son más que una manifestación más del mismo poder arcano que exhiben los magos y hechiceros. El otro texto está escrito por el mismo Graund N'Amyrr, y es un tratado filosófico sobre las distintas razas humanoides de Kraëtoria. El dragón sostiene que todos esos pueblos -humanos, elfos, enanos, gigantes, orcos, goblins etc.- son arrastrados por las mismas pasiones: envidia, odio, amor, generosidad, rabia, etc. y que, por lo tanto, son mucho más parecidos de lo que quieren demostrar. De hecho, muchas de esas razas son compatibles -existen mestizos de elfo con humano, de orco con humano, y también se ha sabido de mestizos más extraños todavía-, pero sobre todo comparten sus visiones respecto a la vida, el tiempo y la muerte. La principal diferencia radica en la esperanza de vida, pero si a un elfo se le diera el tiempo de vida de un humano, seguramente haría lo mismo que hace en su vida diaria, pero en menos tiempo. Graund N'Amyrr elabora interesantes razonamientos al respecto para llegar a la simple conclusión de que las guerras entre las razas humanoides no son más que guerras entre hermanos. También arriesga la teoría de que los humanos son una especie de raza "puente" y "raza híbrida creada", ya que puede crear descendencia fértil con cualquier otra raza humanoide.

- Estando en la ciudad, el grupo piensa en cómo se enfrentarán al dragón: Anädheleth le presta a Ylla los Pendientes de Venus, Demian le presta su capa de Carisma y lanza sobre ella un conjuro que aumenta aún más su carisma: Ylla es la única virgen del grupo y la idea de todos es que, usando sus encantos, sea capaz de embelesar al dragón para que después puedan ponerle el collar de Mu Th'arr.

- Dos días después de su llegada a Mordogand, los héroes parten a explorar el Monte de la Garra. Pronto descubren la entrada a la antigua mina de oro de los gigantes. Ghoreus inmediatamente se percata de que una de las galerías principales está en perfecto estado y que la última mantención data de hace un año o menos, mientras que las demás están descuidadas y son peligrosas (algo que nadie más es capaz de percibir). Así es que, aprovechando sus conocimientos, Ghoreus guía al grupo por las galerías en buen estado. Allí descubren una ilusión que cubre el pasaje a otra galaería, pero de aspecto totalmente distinto: se trata de una caverna que parece haber sido tallada fundiendo la roca. El suelo es liso y reflectante, como el vidrio, en las paredes hay numerosas estatuas y sobrerrelieves que representan dragones, elfos, humanos, enanos, árboles y paisajes, así como escenas de guerra. El cielo de la galería es negro y está tapizado de pequeñas gemas que brillan como estrellas. Aunque hay fragmentos de la galería mejor trabajados que otros, el conjunto les quita el aliento a los exploradores, quienes se sienten ante una auténtica obra de arte.

- La galería -de unos 15 a 30 metros de alto- llega hasta una enorme escala, con peldaños de dos metros de alto. Aunque fáciles de escalar, los peldaños son cansadores. El túnel llega por fin a una gigantesca sala que comunica con otros tres túneles. El cielo de la sala está abierto a la luz del día y el centro del lugar está cubierto de nieve. Cuando finalmente se deciden a explorar el pasillo de la izquierda, una poderosa voz les dice "Alto". Desde otro de los pasillos se asoma una cabeza de reptil rojiza del tamaño de dos caballos, que les observa con ojos curiosos: es Graund N'Amyrr, el Gran Dragón. Es enorme: probablemente del tamaño de una catedral, aunque no se muestra agresivo... Al menos por el momento.

- Lejos de atacarlos, el dragón empieza a conversar con los héroes. Éstos le cuentan que han leído uno de sus ensayos en la biblioteca de Mordogand. El tema de las razas, la guerra y la expansión del imperio florentino le dan a Graund N'Amyrr suficiente con qué explayarse y filosofar con los intrusos. En un momento, éstos hacen alusión a su gran sabiduría, y el dragón responde: "No soy lo suficientemente joven para saberlo todo". Con esto hace referencia al hecho que mientras más se envejece y más se aprende, más se estrecha el mundo, pero que los jóvenes tienen la mayor amplitud de mundo como para emprender cruzadas y misiones imposibles. "Los viejos nos ponemos cada vez más holgazanes", dice. Graund N'Amyrr se muestra especialmente atraído por Ylla.

- El dragón les revela que hace un par de siglos fue un importante historiador y escribió mucho sobre la antigua civilización sardiana, aunque siempre ha preferido la filosofía, la literatura y la astronomía.

- Luego de conversar un buen rato con el dragón, el grupo decide contarle la verdad: les dicen de su enfermedad, del trato que hicieron con Mu Th'arr y del collar que se supone deberían ponerle. El dragón muestra desconfianza y les pide estudiar el collar: muy serio, les dice que ese collar forma parte de un conjunto de objetos arcanos (entre otros, un Orbe), que, se dice, fueron usados para controlar a la mismísima Tiamat, la diosa de los dragones. También les dice que resulta evidente que Mu Th'arr fue quien los contagió con la peste, para así asegurarse de que le ayudarían. Esa habría sido la única posibilidad que tenía de conseguir una doncella de corazón puro que se acercara con engaños ante él. "Es posible que el tal Mu Th'arr ni siquiera esté pensando en conseguirse una cura para su enfermedad", dice el dragón.

- En ese momento, el grupo se percata de la desaparición de Demian. El dragón corre por el pasillo de la izquierda: cuando sale está furioso. Alguien le ha robado la Lira de Cronos. Los héroes, avergonzados, juran que se la traerán de vuelta, y corren por los túneles en busca del fugitivo.

- Gracias al olfato de Escarcha, el grupo encuentra a Demian, quien andaba perdido en las galerías de la mina. El bardo está invisible y, usando la Lira mágica, detiene el tiempo e invoca un enorme gusano y un elemental de tierra que se enfrentan a los héroes. Dos bolas de fuego también estallan entre los héroes.

- Aunque sus enemigos son poderosos, los héroes consiguen contenerlos. Los monstruos caen. Los héroes -que han dejado a Demian inconsciente-, desnudan al bardo y lo llevan ante el dragón para interrogarlo. Es poco lo que pueden sacar en limpio: Demian fue enviado por Mu Th'arr para robar la Lira y asegurarse de que los héroes cumplieran con su objetivo. Luego, le ofrecen el bardo a Graund N'Amyrr, quien no rechaza el bocado.

- Queda el problema de cómo salvarse de la Peste: ya hay cuatro enfermos en el grupo y la posibilidad de que el otro grupo les haga llegar las Aguas de la Vida se han perdido. Mirando a Ylla, Graund N'Amyrr le pregunta al grupo: "¿Han viajado alguna vez a lomos de un dragón?".
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miércoles, 7 de abril de 2010

El corazón de Lilandrith

Los héroes han decidido unirse a la "Tercera Fuerza" que podría romper la supremacía de Florencia en la guerra. Mu Th'arr les encarga algunas misiones que le permitirán ampliar su poderío: estas misiones, de considerable riesgo, enfrentarán a los héroes con algunos de sus enemigos más temibles, entre ellos la misma Lilandrith.


Sesión de mayo del 2009

Diciembre del 1633
(3003 según el calendario florentino)


- Los héroes viajan a la ciudad portuaría de Mortombría, al norte de Valaquia, en busca de los astilleros de barcos voladores.

- Dan con la ciudad, hacen contacto en el puerto con los marineros contratados por Mu Th'arr y preparan un plan de invasión al puerto fortificado florentino, donde están los astilleros.

- Bajo la protección de la noche, los héroes entran a la zona fortificada y consiguen desamarrar algunos barcos. Los marineros entran en secreto, apoyados por los héroes.

- Ylla, Anädheleth, Numentarë, Hathol y Trishna descubren la habitación de Lilandrith y deciden tomarla por sorpresa. Se inicia un feroz un combate al que luego se une Ghoreus. Lilandrith es apoyada por su guardaespaldas, Jared, un enorme humanoide de más de dos metros cubierto por una capa negra y una máscara de porcelana.

- En el fragor del combate, Lilandrith lanza un destellante cono multicolor. Trishna y Ghoreus se vuelven locos, Numentarë muere de un golpe. Desesperada, Anädheleth dispara una rociada de flechas contra Lilandrith: dos de ellas se clavan en su garganta y muere. Los héroes acaban con su guardaespaldas, pero nada pueden hacer por salvar a Numentarë. Miarlith sana a Ghoreus y a Trishna con sus poderes. Trishna llora sobre el cadáver de su padre.


Sesión del sábado 20 de marzo del 2010

- Los héroes escapan con cinco galeones voladoras del puerto fortificado de Mortombría. Son perseguidos por cuatro bombardas llenas de hombres armados hasta los dientes.

- El grupo de héroes consigue inutilizar a dos bombardas enemigas, pero sus propias embarcaciones son abordadas por monstruos invocados por los hechiceros rojos florentinos y pequeños grupos de soldados que se teleportan a bordo.

- Los héroes se enfrentan en su propio galeón a Lilandrith, su guardaespaldas Jared y un grupo de soldados florentinos de elite. La situación es crítica: Ghoreus apenas puede contener los furiosos golpes de Jared -quien, luego de perder sus cimitarras, ataca con dos mandobles-, mientras Ylla, Anädheleth y Hathol tratan de resistir la magia de Lilandrith y los ataques de los soldados florentinos.

- Luego de una dura batalla, Lilandrith cae, esta vez para siempre... O al menos eso esperan los héroes. Sin embargo, Jared se pone furioso y da un golpe furioso a Ghoreus, que cae. El resto del grupo, malherido, apenas tiene fuerzas para oponerse al embate de Jared. En ese momento, el capitán florentino se mueve y ataca al ogro: con unos golpes rápidos y certeros de sus estoques, Jared cae.

- Los héroes le preguntan por qué les ha ayudado. El capitán Dante responde: "porque no soportamos a Lilandrith como jefa. No queremos elfos u ogros en nuestras filas. Ustedes han peleado una buena batalla y han vencido a la bruja: no quiero seguir perdiendo buenos soldados por un par de barcos. Idos en paz y nosotros haremos lo mismo".

- Contra las sospechas de Ylla y Anädheleth, el capitán Dante cumplen su trato y los florentinos se retiran. Los héroes sudan: quizás no hubiesen resistido la batalla por mucho más tiempo. Han perdido numerosos marineros y apenas les queda tripulación para dos barcos: éstos arrastrarán uno cada uno, por lo que deberán esconder uno en los Montes Catarios.

- Anädheleth, para asegurarse de que su madre no pueda volver a la vida, le arranca el corazón y se lo come.

- Regresan al Poblado del Colmillo de Rork como héroes: los orcos les felicitan y les llevan en presencia de Mu Th'arr. Sin embargo, durante el viaje, Ylla, Miarlith y Hathol han caído presa de una extraña enfermedad que les ha puesto la piel de un color gris ceniciento. Apenas ven estos síntomas, los marineros se alejan de ellos, temerosos.

- El shamán orco del pueblo les confirma que han sido atacados por la Peste Gris, una terrible enfermedad que azotó Kraëtoria hace 600 años y mató a la mitad de los humanos del continente. No existe cura conocida para esta enfermedad (los conjuros sacerdotales sólo retrasan su efecto) y se ven pocas esperanzas para los héroes.

- Mu Th'arr les propone un trato: en el sur de Valaquia, cerca del nacimiento del río Helgoland, se dice que existe un antiguo templo dedicado a Mitra (un dios olvidado) en el que manan unas aguas milagrosas que pueden curar cualquier mal. Otro grupo de aventureros contratado por Mu Th'arr viajará al templo y les conseguirá las aguas curativas. A cambio, Mu Th'arr le encarga al grupo otra misión: deberán encontrar al viejo dragón Belanus (también llamado Vadaba o Thar-Agnis) que vive en algún lugar de los Montes Catarios y ponerle un collar que les entrega: se trata de un hermoso collar hecho con filigrana de plata y brillantes. Para conseguirlo, deberán engatusarlo: el dragón es muy débil ante doncellas de corazón puro. ¿Cómo encontrarlo? Mu Th'arr no lo sabe. ¿Dónde buscarlo? Apenas hay vagas referencias al hecho de que el dragón destruyó una ciudad de oro en los Montes Catarios, hace más de doscientos (o quizás trescientos) años.
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martes, 6 de enero de 2009

Sesión del sábado 22 de noviembre del 2008

Han pasado varios meses desde que los héroes escaparan del castillo de Horia. Las fuerzas del imperio florentino reanudaron sus ataques al bosque de Gallen y la sangre ha vuelto a derramarse sobre las fronteras entre humanos y elfos.

Los héroes, marginados de sus propias razas, han participado activamente en sus propias campañas secretas contra el imperio: han saboteado ataques, destruido puestos de avanzada, asesinado generales de importancia y, en resumen, colaborado desde las sombras para sumar pequeños triunfos al bando de los aliados.

Pero la situación es difícil: las fuerzas florentinas son más fuertes y numerosas, los elfos verdes han ido cediendo terreno y los elfos dorados se han retirado de Gallen. ¿Traición? No, simple supervivencia: los límites de los montes de Elëdhant están siendo invadidos por otro frente florentino.


Noviembre del 1633
(3003 según el calendario florentino)


- Los héroes han establecido la casa de Numentarë como su cuartel general. Regresan a ella después de alguna campaña especialmente larga y difícil.

- Durante este tiempo, Numentarë se ha convertido en mentor de Eleion. Denazz ha tenido que regresar a Ithilgadden para ayudar a los elfos dorados en la defensa de la meseta. Ejöann regresó a Villa del Roble para continuar con su propia gesta secreta.

- Una noche, la casa de Numentarë es atacada: los héroes se levantan rápidamente y reducen a sus enemigos, pero Lidia, la aya de Trishna y fiel amiga de Numentarë es muerta por una flecha en llamas. Los atacantes son... elfos verdes que buscan venganza de Ylla. El grupo está liderado por Kirón, el elfo verde al que ayudaron a escapar de Horia.

- En medio de la lucha, los héroes son apoyados por una figura encapuchada que se transforma en oso. Aunque no saben quién es, los héroes agradecen esta ayuda inesperada. Cuando la batalla gira a su favor y el oso vuelve a su forma natural, los héroes no pueden evitar un gemido de sorpresa: es Miarlith Bori, la druidesa, que ha regresado de entre los muertos.

- Luego de vencer a los elfos verdes, los héroes los atan e interrogan. Todos demuestran desprecio hacia ellos por no haber tomado partido en la guerra y haber pasado demasiado tiempo entre los humanos. Kirón en especial demuestra gran desprecio por Ylla, a quien no le perdona el que no esté luchando en Gallen, junto a sus hermanos. Eleion trata de convencerlos de que lo que ellos están haciendo también tiene importancia, pero Kirón y los demás elfos no lo escuchan: sólo escupen veneno hacia Ylla y sus amigos.

- Los héroes no pueden entender que mientras siguen arreciando los ataques a Gallen y todas las fuerzas sean fundamentales, una buena cuadrilla se den el lujo de perseguir a una sola elfa fugitiva. Pese a ello, los elfos verdes son buenos guerreros y Eleion desea dejarlos libres para que vuelvan a la lucha. Pero Ylla comprende que si Kirón es liberado, volverá a perseguirla: no cejará hasta encontrarla y matarla. Y por ello, toma su daga y le corta el cuello. Eleion intenta detenerla, pero demasiado tarde: el elfo yace muerto, en el suelo. El efecto es inmediato: los demás elfos verdes escuchan atentamente a Ylla mientras les dice que todo el que la persiga terminará igual, y que mejor harían en regresar a su bosque y defenderlo de los humanos.

- Luego de este incidente, el grupo decide que es demasiado peligroso seguir con la vida que tenían hasta ese momento. Deben buscar refugio en un sitio neutral (si es que existe alguno) y reconsiderar sus opciones. Están discutiendo eso, cuando llega una golondrina y se posa en el hombro de Ylla, mostrándole la pata: en ella viene un mensaje de Delemdroth.

- El mensaje dice que finalmente el concejo se ha disuelto y los elfos verdes han nombrado reina a Eruwen, la matriarca de la familia Dunadan en desmedro de Lindëalath, hermana de Eleion. Bajo el reinado de Eruwen, los elfos dorados finalmente habían retomado la iniciativa y estaban conteniendo el ataque florentino del sur. Delemdroth también ayuda en las defensas, aliado con Denazz y su tataranieta Adrasteia. Sin embargo, su pequeña división es mirada con recelo por parte de los elfos dorados, así es que deben actuar casi en las sombras. Delemdroth pide noticias del grupo y Denazz manda mucho amor para Anädheleth. Posteriormente, el grupo escribe un mensaje y lo envía de vuelta con la misma golondrina mágica.

- Los héroes deciden enfilar a la tribu del Colmillo de Rork, el clan orco que vive en la Forja de Hefestos con el que habían negociado el año anterior. Quizás buscando refugio con un grupo neutral les sea más fácil decidir el próximo paso.

- Después de un largo viaje, el grupo arriba al valle de los orcos y divisa las fortificaciones del poblado. Inmediatamente se percatan de que algo ha cambiado: la antigua empalizada de madera ha sido reemplazada por fortificaciones de piedra y madera. Hay una torre de vigía en el valle y el poblado ha crecido en forma notoria.

- Los orcos reciben al grupo con cortesía y se muestran más que dispuestos a conducirlos hasta el jefe de la tribu. Mientras andan por el pueblo, los héroes se asombran al ver que ahora hay un barrio de humanos, un nutrido mercado y una segunda salida, una carretera que enfila hacia el noroeste. Pronto se enteran que los orcos han establecido comercio con contrabandistas y mercaderes que han sido expulsados del imperio florentino.

- El guardia orco deja al grupo con el consejero del jefe, Mu Th'arr. Aunque está disfrazado bajo apariencia humana, los héroes lo reconocen de inmediato: se trata del illithid que ellos conocieron en la suboscuridad y que mató a Kalandril luego de un enfrentamiento con el grupo en las ruinas de Sardan.

- Mu Th'arr se muestra amable con los héroes: les explica que él y los orcos están juntando una nueva fuerza, una tercera alianza que se opone a la guerra entre elfos y humanos. Les comunica que esta alianza entre orcos, piratas, contrabandistas, disidentes florentinos y valaquianos está juntando armas y equipo para erigirse como una fuerza respetable. El mismo Víbora, el antiguo aprendiz y ayudante de Theodorus, forma parte de esta tercera fuerza y les ha ayudado a conseguir artefactos sardianos. Por supuesto, Mu Th'arr les cuenta todo esto porque sabe de lo que son capaces los héroes y les pide que se unan a ellos.

- Los héroes debaten largamente y, por fin, se ponen de acuerdo: aceptarán unirse a la tercera fuerza, pero pondrán una serie de condiciones. Entre ellas, el hecho que Mu Th'arr no pueda usar control mental, ni ninguna habilidad psíquica en su contra, y que tampoco atente bajo ninguna forma contra la integridad física o mental de nadie del grupo. Tampoco les podrán encargar misiones en las que deban herir o dañar a elfos o enanos, ni tampoco pedir que realicen misiones que ellos, como grupo, sientan que va contra sus principios morales.

- Mu Th'arr escucha sus condiciones y les pone ciertas obligaciones: en caso de que el grupo rechace una misión, Mu Th'arr les exigirá un reporte detallado de las razones por las cuales rechazan la misión. A continuación, él les exigirá una nueva misión que no entre en conflicto con dichas razones, o modificará la misión primeramente planteada. También les exige un 10% de todos los tesoros que consigan en una misión encargada, o su equivalente en lucianos. Los héroes tampoco podrán atentar contra la integridad física o psíquica de todos los que Mu Th'arr considere aliados o simpatizantes de su causa y que los héroes sepan de antemano que tienen dicho estatus... Entre otras consideraciones.

- Así, los héroes, Mu Th'arr y el jefe de la tribu del Colmillo de Rork firman un tratado de alianza. La primera misión de los héroes será viajar hacia Valaquia, donde deberán apoderarse de tres barcos voladores que están siendo construidos por Florencia. Mu Th'arr les explica que el imperio está construyendo una flota de esos barcos, basados en los principios de los barcos voladores sardianos, y que pretende utilizarlos para acabar la guerra de una forma definitiva. Los héroes deberán apoderarse de cinco de esos barcos (para ello contarán con una tripulación debidamente preparada) y destruir el resto. Los héroes se muestran de acuerdo y se preparan para su misión...
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El torrente del Cisón: PRÓLOGO

Los arqueros elfos ven, horrorizados, como el grupo de ents son devorados por las llamas. Aunque han conseguido acabar con el pequeño destacamento de armaduras sardianas, no fueron capaces de evitar los meteoros incandescentes arrojados por los hechiceros de la orden del Dragón Rojo. A la orden de Kirón, los arqueros arrojan una lluvia de flechas sobre los hechiceros, pero los soldados florentinos, disciplinados, los protegen con sus escudos, mientras el destacamento de arcabuceros dispara una vez más. Barith cae con una horrible herida en el pecho; el bello rostro de Lathiel es destrozado por una bala, y se desploma, como una muñeca grotesca, sobre la hierba seca. También caen Feadar y Gileon y Valwing y Khara y Malwe y Saedhel.

Kirón siente un dolor lacerante en el hombro izquierdo y se derrumba. Cuando se pone en pie, sólo dos de sus compañeros aún disparan flechas. Uno de ellos se acerca a su jefe y le observa la herida: afortunadamente, la bala salió por el otro lado, pero el brazo de Kirón ha sido inutilizado.

–Ragdhel, ¿regresó tu halcón?
–Sí, pero...
–¿Cuánto falta para que lleguen los centauros?
–Kirón, lo siento... Kag me dijo que fueron emboscados. Ninguno sobrevivió.

Kirón tirita al oír el gemido profundo de un ent que agoniza entre las llamas arcanas. El cuerpo de otro árbol sabio yace, carbonizado, junto a un amasijo de metales retorcidos. Los hechiceros y arcabuceros humanos continúan su avance, casi sin haber sufrido bajas. Ragdhel tensa nuevamente su arco y se prepara a disparar, pero Kirón le retiene el brazo.

–¿Qué pasa?
–Es inútil. Debemos huir y reunirnos con el resto del clan. Es mejor que vivamos y demos las noticias. Hagamos retroceder a los ents que aún vivan: no tiene sentido que todos perezcan aquí si hay otros puntos claves que defender.

El arquero elfo asiente. Ayuda a su amigo a ponerse en pie y echan a correr mientras llaman a los pocos sobrevivientes a retirarse: todavía hay un punto fortificado en pie, veinte kilómetros al este. Kag, el halcón de Ragdhel trata de avisar a los ents que retrocedan, pero sólo uno de ellos queda en pie. Lucha blandiendo el tronco ardiente de un árbol como si fuese un garrote y un escudo.

–¡Que los elfos huyan! –dice el ent– Deben avisar que los hechiceros ya están aquí... ¡El santuario no debe caer!

Kirón y su compañero huyen hacia la espesura, con el corazón destrozado. Cuando ya han dejado atrás la luz de las llamas, oyen el grito de agonía del ent, que retumba entre los árboles. Éstos agitan sus ramas, como si tiritaran al sentir la muerte de uno de sus pastores. Ragdhel llora.

–Tranquilo, hermano mío. Los vengaremos, te lo prometo. Primero daremos la voz de alarma y luego cobraremos sangre por la muerte de nuestros amados hermanos.
–¿Cómo, Kirón? ¿Cómo podemos vengarlos si son tantos? ¿Si siempre debemos retroceder cuando nos atacan?
–Debemos vengarnos tomando la vida de quien traicionó a su pueblo. Bebiendo la sangre de quien condujo el fuego y la destrucción hasta nuestro hogar.
–¿Quién? ¿Theodorus?
–No. Ylla Kalighari y sus séquito de traidores.


Una figura solitaria se escurre entre los lujosos pasillos de un castillo de mármol azul. Se mueve entre las sombras, a paso ligero, con un leve temblor en su mano. "Ella no está", piensa. "Debo aprovechar ahora o nunca volveré a tener la oportunidad".

Camina entre los guardias del palacio, invisible ante sus ojos. Se escurre hasta la cocina y esquiva a dos sirvientas que conversan animadamente. Una de ellas siente una corriente de aire y se gira para mirar por donde pasó la figura. ¿Acaso fue eso... una túnica púrpura y dorada? Parpadea: debe estar teniendo visiones. No hay nada junto a la trampilla del suelo. Se da la vuelta y continúa la conversación.

La puerta ha sido reparado, pero está sellada. Eso no es un obstáculo: la figura pronuncia unas palabras arcanas y hace un sencillo gesto con la mano. Luego cruza el muro de mármol como si se tratase de agua, y aparece ante una escala tallada en la roca, que lleva hasta una pequeña playa en el lago. ¿A qué distancia estarán del lugar exacto? ¿Veinte leguas? ¿Cincuenta? ¿Cien? No importa.

La figura desenvuelve el cántaro de bronce y lo llena con agua del lago. Luego arroja unos polvos en el agua mientras pronuncia palabras en un idioma oscuro. Mientras el agua del cántaro se agita, como si estuviese viva, el hombre acaricia un pequeño zafiro que lleva al cuello. El agua del cántaro se eleva por momentos, adquiriendo una forma extraña, humanoide, que refleja la luz de las estrellas. Cuando el hombre termina de pronunciar su encantamiento, dos pequeñas luces blancas brillan en la figura de agua, allí donde deberían estar sus ojos. Entonces pronuncia palabras en un idioma extraño, que se asemeja al gorgoteo del agua.

–¿Quién... me ha... arrancado... de mi hogar?
–Yo, Iván el Púrpura. Debes cumplir una misión para mí.
–Regrésame... a... mi hogar...
–No hasta que cumplas mi mandato. No intentes resistirte: mi fuerza de voluntad es mucho mayor que la tuya.
–Libérame...
–Silencio. Irás al fondo del lago, buscarás hacia el oeste hasta encontrar el cuerpo de una mujer. No descansarás hasta que me la hayas traído aquí.
–¿Cómo... la reconoceré?
–Llevarás esta vara –dice Iván, entregándole una nudosa vara de alerce tallada por la naturaleza–. Ella te guiará hasta esa mujer y la reconocerá de inmediato. Ahora, ¡vete!
–Sí...

La figura de agua escapa del cántaro y se arroja al lago con delicadeza, para luego desaparecer. Iván respira. ¿La traerá de vuelta antes del amanecer? Debe hacerlo. La mañana siguiente es el amanecer del equinoccio de primavera: no tendrá otra oportunidad hasta el año siguiente. Mete la mano a su bolsillo y saca un anillo hecho de tres semillas y sus brotes entrelazados. El anillo de Yin Kho es el único artefacto que conoce capaz de traer de vuelta a los muertos, un don muy raro que Hades no ve con buenos ojos. Son pocos los que hasta hoy han escapado de los dominios del señor de los muertos, y los que lo han hecho se han ganado su odio a perpetuidad.

No obstante, Iván está dispuesto a enfrentar la ira de Hades. No sería la primera vez que un dios intenta hacerle la vida imposible, piensa sonriendo. Además, esta mujer es demasiado importante. ¿Cómo se reestablecerá la dinastía sardiana si el rey no se casa con una descendiente de Vlädir?

–Debes vivir, Miarlith Bori -murmura Iván-. El futuro de Florencia depende de ello.
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